"Eres tan hermosa, Luna", le dijo su madre mientras le frotaba su larga cabellera negra. Ella sentada en una silla de ruedas, mirando a su madre por el espejo, le esbozó una sonrisa.
Luna era una pequeña niña de 12 años que soñaba con ser bailarina, estaba obsesionada con el ballet. Se la pasaba encerrada en su cuarto viendo vídeos de su danza favorita: El Lago de los Cisnes. Le encantaba mirar cómo las esbeltas bailarinas se desplazaban suavemente al ritmo de Tchaikovski. Al final del vídeo, los ojos de la niña se enturbiaban de lágrimas seguido por un leve suspiro, pues sabía que el sueño de ser bailarina jamás podría hacerse realidad. Aunque en su cumpleaños antes de soplar la vela pidiese un deseo, o al igual, al ver pasar una estrella fugaz, nunca se cumpliría, ya que padecía de una enfermedad congénita; nació con la rara enfermedad de "huesos de cristal". Era muy frágil y por eso se trasladaba en una silla de ruedas. La pequeña a veces no entendía por qué no podía ser como las demás niñas de su edad. No tenía amigos, ya que sus padres la sobe protegían y se resistían a llevarla a la escuela así que tenía clases particulares en casa. "Es muy frágil, no podría cuidase sola, ademas, los niños la molestarían por su enfermedad", escuchaba Luna, las conversaciones que solían tener sus padres y se entristecía.
Como cada noche, al irse a dormir, Luna gustaba escuchar la melodía de Frank Mills que sonaba al abrir su cajita musical, y observar la delicada figurilla de cristal que simulaba una bailarina girando.
Escuchando la melodía cada vez más lejana, Luna empezó a sentir un aire fresco con aroma a pino, entonces abrió los ojos. ¿En dónde estoy? Se preguntaba la pequeña con admiración al ver que estaba en un hermoso bosque lleno de pinos, secuoyas gigantes y todo tipo de árboles y plantas hermosas. Estaba fascinada, y a lo lejos alcanzaba a ver lo que parecía ser un lago. Sintió deslizar su silla de ruedas hacia el lago cristalino, donde nadaba elegantemente un bello cisne blanco. Luna quedó boquiabierta y comenzó a escuchar la melodía del ballet, El lago de los Cisnes. Asombrada con la belleza del cisne que movía su largo cuello al son de la sinfonía, Luna trató de acercase más, pero una piedra hizo que la niña saliera volando de su silla directo al lago. Al caer, el agua se transformó en una especie de aceite de colores pasteles. Luna estaba sobresaltada, al sumergirse se dio cuenta que podía respirar y ver dentro del lago. Escuchó unas pequeñas risas, y decidió nadar hacia ellas. Quedó maravillada, parecía que estaba nadando en una enorme pintura de oleo. Los pececillos y las plantas acuáticas, todo parecía ser una hermosa pintura. Entonces las vio, tres figuras de niñas con tutus y zapatillas de ballet, que también parecían haber salido de una pintura hermosa, "ven baila con nosotras, Luna". Emocionada se acercó, y comenzó a bailar con una gran cadencia entre los hermosos colores, sintiéndose una gran bailarina en el teatro Bolshói.
"Luna, vamos, es hora del desayuno", escuchó la voz de de su madre. Luna abrió los ojos con una sonrisa esplendorosa en su rostro, "qué maravilloso sueño", pensó.
En el desayuno, les contó a sus padres el bello sueño que tuvo sobre el cisne, el agua que se convirtió en pintura y las niñas bailarinas de oleo. Sus padres estaban emocionados de ver a su pequeña tan feliz y decidieron comprarle algunas pinturas para que dibujara sobre su sueño.
Pintó y pintó por muchos días, y se dio cuenta que se sentía feliz cuando lo hacía. Sus padres, al darse cuenta del potencial de las pinturas de su hija, decidieron liberarla un poco de tanta protección y planearon inscribirla en alguna escuela de pintura donde conviviera con demás niños.
Al pasar de los años, Luna se convirtió en una brillante artista.

